En el paisaje árido y volcánico de Fuerteventura se elabora uno de los tesoros gastronómicos más antiguos de Canarias: el Queso Majorero, conocido popularmente como el "Queso de los Volcanes". Este queso de cabra captura la esencia de la isla a través de su sabor intenso, terroso y ligeramente picante, influido por el suelo volcánico y la tradición quesera que se remonta miles de años. Para quienes llegan a Fuerteventura con Binter, descubrir este producto significa conectar con la historia aborigen, la ganadería majorera y un secreto que ha perdurado desde hace más de 2.000 años, convirtiéndolo en un imprescindible de cualquier ruta por la isla.
El origen milenario del Queso Majorero
La tradición quesera en Fuerteventura precede a la conquista europea. Los primeros pobladores, los mahos o majos, trajeron consigo cabras desde el continente africano y comenzaron a elaborar queso con su leche. Testimonios antiguos, como crónicas de expediciones del siglo XIV, describen quesos "sumamente buenos" hechos exclusivamente con leche de cabra, junto a carne seca y sebo. Esta práctica se ha mantenido casi inalterada, convirtiendo al queso en un pilar de la identidad majorera. El término "majorero" deriva del gentilicio de los habitantes de la isla –antiguamente llamada Maxorata–, y hoy designa tanto a la gente como al queso que produce la cabra autóctona.
La influencia del paisaje volcánico
El secreto del sabor único radica en el entorno: suelos volcánicos ricos en minerales, pastos escasos pero intensos y un clima seco que concentra sabores. Las cabras majoreras pastan hierbas aromáticas y resistentes, como tabaibas o cardones, que imprimen notas herbáceas y terrosas al queso. El proceso artesanal –cuajado con cuajo vegetal o animal, prensado en moldes de palma y maduración en cuevas o almacenes naturales– añade complejidad. Algunos quesos se cubren con pimentón, gofio o aceite, lo que refuerza el carácter volcánico y protege la corteza.
Cómo se elabora y sus variedades
El Queso Majorero se produce con leche cruda o pasteurizada de cabra majorera, bajo estrictos controles de la Denominación de Origen Protegida otorgada en 1996 –la primera para un queso de cabra en España–. Las variedades principales incluyen:
Tierno, semicurado y curado
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Tierno: maduración corta (hasta 60 días), textura cremosa y sabor suave y láctico.
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Semicurado: entre 2 y 4 meses, más firme con toques picantes y herbáceos.
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Curado: más de 4 meses, corteza dura, sabor intenso, ahumado y persistente.
Muchos se recubren con pimentón dulce o picante, gofio o aceite de oliva, lo que no solo mejora la conservación sino que añade capas de sabor que evocan el fuego volcánico de la isla.
Dónde degustarlo y experiencias recomendadas
Fuerteventura cuenta con numerosas queserías artesanales abiertas al público, especialmente en zonas como Antigua, Betancuria o La Oliva. El Museo del Queso Majorero, ubicado en el antiguo molino de Antigua, ofrece un recorrido completo: desde la formación volcánica de la isla hasta la ganadería aborigen, pasando por la elaboración tradicional y catas guiadas. Visitar una quesería permite ver el ordeño, el cuajado y el prensado, y probar variedades frescas directamente del productor.
Maridajes perfectos
El queso combina excelentemente con vinos de malvasía volcánica, miel de palma o gofio. En mercados locales o restaurantes se sirve en tablas con papas arrugadas, mojo verde o almendras tostadas, creando platos que resumen la cocina majorera.
Consejos prácticos para incluirlo en tu viaje
Desde el aeropuerto de Fuerteventura, un coche de alquiler facilita llegar a queserías y al museo en menos de una hora. Optar por visitas en temporada media evita multitudes y permite disfrutar del paisaje sin calor extremo. Comprar queso envasado al vacío asegura llevar un recuerdo auténtico a casa. Reservar catas o talleres en queserías añade un toque interactivo.
Por qué el "Queso de los Volcanes" es imprescindible en Fuerteventura
Este queso no es solo un alimento: representa una herencia de más de 2.000 años, donde el volcán, la cabra y el pastor se unen en cada rueda. Su sabor captura la aridez, el viento y la historia de la isla, convirtiéndolo en un puente entre pasado y presente. Para viajeros que aterrizan en Fuerteventura, probar el Queso Majorero significa saborear el alma volcánica de la isla.
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