Aterrizar en el Aeropuerto de Badajoz supone abrir la puerta a un territorio donde las fronteras se desdibujan y la historia se cuenta a través de la piedra. Esta ruta de una semana propone un viaje circular, que empieza y acaba en Badajoz para aprovechar nuestros vuelos directos desde Canarias, y que combina el legado romano, medieval y renacentista de las ciudades más emblemáticas de Extremadura, con una incursión necesaria en la vecina Portugal.
Día 1: Badajoz, la puerta de la frontera
El viaje comienza en la ciudad del Guadiana. El primer día se dedica a explorar la Alcazaba de Badajoz, la más extensa de Europa, y a recorrer la Plaza Alta, famosa por sus decoraciones geométricas de estilo mudéjar. Para almorzar, los alrededores de la Plaza de la Soledad ofrecen la oportunidad de degustar el auténtico jamón ibérico de bellota de la dehesa extremeña. La tarde se reserva para un paseo por el fuerte de San Cristóbal, con vistas panorámicas de la ciudad al atardecer.
Día 2: Évora, el corazón luso del Alentejo
Cruzando la frontera hacia el oeste, se llega a Évora. Esta ciudad museo, Patrimonio de la Humanidad, destaca por su Templo Romano de Diana y la impactante Capilla de los Huesos. El almuerzo en la Plaza de Giraldo permite probar especialidades como el bacalhau o los quesos locales. La estancia en Portugal sirve para comprender la estrecha relación histórica entre ambos países antes de regresar a suelo español.
Día 3: Mérida y el esplendor del Imperio
La ruta continúa hacia el este hasta llegar a la antigua Augusta Emerita. En Mérida, la visita es obligatoria al Teatro y Anfiteatro Romano, donde el estado de conservación transporta al siglo I a.C. Es recomendable pasear por el Puente Romano sobre el Guadiana, el más largo de la antigüedad. En cuanto a la gastronomía, los restaurantes cercanos al Templo de Diana ofrecen tapas creativas que fusionan el recetario romano con productos locales.
Día 4: Cáceres, un viaje al medievo
Hacia el norte se alza Cáceres, cuyo casco antiguo es uno de los conjuntos urbanos de la Edad Media y el Renacimiento más completos del mundo. El itinerario incluye la Concatedral de Santa María y la subida a la Torre de Bujaco. Para comer, la zona de la Plaza Mayor es ideal para probar la Torta del Casar, el queso más icónico de la región. La tarde se puede dedicar a visitar el Museo Helga de Alvear, que aporta el contrapunto de arte contemporáneo a la ciudad pétrea.
Día 5: Trujillo y la tierra de conquistadores
A poca distancia se encuentra Trujillo, cuna de figuras como Francisco Pizarro. Su Plaza Mayor, presidida por la estatua ecuestre del conquistador, es el epicentro de la villa. Se recomienda subir hasta el Castillo, una fortaleza de origen árabe desde la que se divisa toda la penumbra cacereña. En las tabernas locales, las migas extremeñas y la carne de retinto son los platos estrella que no pueden faltar en el menú.
Día 6: Plasencia, la perla del norte
El recorrido alcanza su punto más septentrional en Plasencia. Aquí, el interés se centra en su Catedral Doble y en el recinto amurallado. Un paseo por el Parque de los Pinos permite observar la fauna local en un entorno relajado. La cocina placentina destaca por el uso de productos del Valle del Jerte; si es temporada, las cerezas son el postre imprescindible, y en cualquier época, las patatas escabechadas.
Día 7: El regreso a la capital pacense
El último día se dedica a regresar a Badajoz para cerrar el círculo. Antes de dirigirse al aeropuerto de vuelta a Canarias, un paseo por las márgenes del río Guadiana y sus modernos puentes ofrece una visión de la Extremadura del siglo XXI. Es el momento perfecto para las compras de última hora en el centro comercial abierto de la ciudad, adquiriendo embutidos o aceites de oliva con denominación de origen antes de embarcar.
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