Logroño no solo es el centro administrativo de La Rioja, sino que funciona como el corazón latente de una cultura culinaria que ha sabido equilibrar la humildad de la huerta con la sofisticación de sus vinos. Comer en esta ciudad es un rito que trasciende la mera alimentación; es un acto social que se articula en torno a barras de mármol, brasas de sarmiento y el respeto absoluto al producto de temporada. Descubre qué comer en Logroño para que no te pierdas nada en tu viaje a La Rioja con nosotros y los vuelos directos de Canarias a Logroño este verano.
El arte del tapeo: las calles Laurel y San Juan
El epicentro de la vida gastronómica de Logroño se concentra en un entramado de calles estrechas donde el concepto de "ir de pinchos" alcanza su máxima expresión. La calle Laurel, conocida popularmente como "la senda de los elefantes", es un escaparate de especialidades donde cada establecimiento ha perfeccionado un bocado específico a lo largo de las décadas.
A diferencia de otras ciudades donde la oferta es genérica, en Logroño impera la especialización. Existen locales donde solo se sirven champiñones a la plancha con una salsa secreta, otros dedicados exclusivamente al "matrimonio" (anchoa y boquerón con pimiento verde) o a la famosa "tapa de oreja". Esta fragmentación del menú obliga al visitante a peregrinar de bar en bar, descubriendo en cada parada una textura o un sabor diferente, siempre acompañados de un "corto" de cerveza o un "cosechero" de la zona.
A pocos metros, la calle San Juan ofrece una alternativa algo más pausada pero igualmente auténtica. Aquí, las propuestas suelen ser un poco más elaboradas, combinando la tradición de los embuchados (tripas de cordero bien limpias y asadas) con creaciones de cocina en miniatura que han ganado certámenes nacionales.
La huerta riojana y los platos de cuchara
Más allá de las barras, la mesa logroñesa se nutre de la ribera del Ebro. La verdura de la región es, posiblemente, una de las mejores de España, y esto se refleja en platos fundamentales como la menestra de verduras. Este plato, lejos de ser una simple guarnición, es un despliegue de alcachofas, espárragos, guisantes y habas, cocinados con tal mimo que conservan toda su identidad.
No se puede entender la cocina local sin mencionar las patatas a la riojana. Este guiso sencillo, a base de patata, chorizo de la zona, pimiento choricero y un toque de alegría (picante), representa la esencia del confort riojano.
Es un plato que demuestra cómo la calidad de un buen embutido y una patata que "chasque" al cortarla pueden crear una armonía perfecta.
Las carnes y el toque final dulce
El asado es otro de los pilares fundamentales. Las chuletillas de cordero al sarmiento son el plato estrella de cualquier celebración. Se cocinan sobre las brasas de las ramas de la vid, lo que les confiere un aroma ahumado único e inconfundible que no se logra con ningún otro combustible.
Para finalizar la experiencia, la repostería tradicional reclama su protagonismo. Los fardelejos, aunque originarios de la cercana Arnedo, son habituales en las pastelerías de Logroño. Se trata de un hojaldre fino relleno de una crema de almendra que rinde homenaje a la herencia árabe de la región. Acompañados de un café o un vino dulce, suponen el cierre perfecto para un recorrido gastronómico que deja una huella imborrable en el paladar.
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