En el corazón de los Picos de Europa, Asturias guarda un secreto que atrae a quienes buscan desconectar del bullicio moderno. Bulnes, una aldea remota y encantadora, se presenta como el último rincón de la Península Ibérica donde los coches no tienen cabida. Rodeado de montañas imponentes y paisajes que parecen sacados de un cuento, este pueblo invita a explorar la naturaleza en su estado más puro. Para los viajeros que llegan directo al Aeropuerto de Asturias desde Canarias, cuentan con una puerta de entrada muy cómoda y desde donde un trayecto en coche de una o dos horas les lleva hasta Poncebos, el punto de partida para esta aventura para descubrir Bulnes, el último pueblo sin coches.
Descubriendo Bulnes, el tesoro escondido de Asturias
Bulnes no es solo un destino; es una experiencia que remite a tiempos pasados. Con apenas una treintena de habitantes, esta parroquia del concejo de Cabrales se asienta a 649 metros de altitud, en el macizo central de los Picos de Europa. Su aislamiento histórico ha preservado un modo de vida auténtico, donde el silencio solo se interrumpe por el rumor de los ríos y el canto de los pájaros. Dividido en dos barrios –Bulnes de Abajo (La Villa) y Bulnes de Arriba (El Castillo)– , el pueblo conserva casas de piedra caliza con tejados rojos, adornadas con flores en temporada, que evocan la arquitectura tradicional asturiana.
Una ubicación privilegiada en los Picos de Europa
El entorno natural de Bulnes es su mayor atractivo. Situado en el Parque Nacional de los Picos de Europa, el pueblo está flanqueado por picos como el Urriellu, conocido popularmente como Naranjo de Bulnes, una formación caliza de 2.519 metros que cambia de tonalidad con la luz del sol. Esta montaña no solo domina el horizonte, sino que también marca el inicio de rutas legendarias. Los ríos Tejo y Cares cruzan la aldea, creando un paisaje de verdes intensos y cañones profundos que invitan a la contemplación.
Cómo llegar a Bulnes
Llegar a Bulnes requiere dejar atrás las comodidades urbanas, pero esa es precisamente parte de su encanto. Desde los aeropuertos cercanos, un viaje por carretera serpenteante lleva a Poncebos, donde un aparcamiento gratuito espera a los visitantes –aunque en temporada alta conviene llegar temprano para encontrar sitio.
El funicular: una experiencia única
Desde 2001, un funicular subterráneo conecta Poncebos con Bulnes, salvando un desnivel de 400 metros en apenas ocho minutos. El trayecto, a través de un túnel de más de dos kilómetros bajo la Peña Maín, cuesta alrededor de 22 euros ida y vuelta para adultos. En verano opera de 10 a 20 horas cada media hora, mientras que en invierno los horarios se reducen. Esta opción es ideal para familias o quienes prefieren ahorrar energías para explorar el pueblo.
Rutas de senderismo para los aventureros
Para los más intrépidos, el acceso a pie desde Poncebos ofrece una inmersión total en la naturaleza. La senda, de unos cuatro kilómetros y con un desnivel de 500 metros, asciende por la Canal del Tejo en aproximadamente dos horas. El camino, bien señalizado, pasa por puentes medievales y junto al río Cares. Muchos optan por subir en funicular y bajar caminando, disfrutando de vistas espectaculares sin el esfuerzo inicial.
Qué ver y hacer en Bulnes
Una vez en Bulnes, el tiempo parece detenerse. El pueblo se recorre en poco rato, pero cada rincón reserva sorpresas.
Paseos por las calles empedradas
En Bulnes de Abajo, el barrio más animado, un puente de piedra y madera cruza el río, conectando bares y restaurantes con alojamientos sencillos. Subiendo al Castillo, se encuentra la capilla de Nuestra Señora de las Nieves, restaurada recientemente, junto a un cementerio que añade un toque melancólico al paisaje. Las calles empedradas, libres de vehículos, permiten paseos tranquilos entre casas centenarias.
Miradores y vistas impresionantes
El mirador de Lallende ofrece panorámicas inigualables del valle y del Naranjo de Bulnes. Desde allí, una ruta corta y algo resbaladiza lleva a puntos desde donde admirar el pico en todo su esplendor. Bulnes sirve de base para excursiones mayores, como la Ruta del Cares –conocida como la Garganta Divina–, un sendero de 22 kilómetros entre cañones graníticos, o ascensos al refugio de Vega de Urriellu.
Gastronomía local: sabores de Asturias
La cocina de Bulnes refleja la esencia asturiana. En sus pocos establecimientos, se degustan platos como la fabada, los tortos de maíz con picadillo, el cachopo o el queso Cabrales, elaborado en cuevas cercanas. No faltan guisos de cabrito, chorizo a la sidra o escalopines al Cabrales. Lugares como el Bar Mirador Lallende combinan vistas con croquetas caseras, mientras que La Casa del Puente destaca por su fabada y tortos.
Consejos prácticos para tu visita
Para disfrutar al máximo, evita el invierno, cuando la nieve puede aislar el pueblo. Lleva calzado adecuado para senderos y respeta el entorno: Bulnes apuesta por un turismo sostenible. Si viajas en avión con nosotros, considera alquilar un coche en el aeropuerto para mayor flexibilidad. En temporada alta, reserva el funicular con antelación y prueba a interactuar con los locales para descubrir anécdotas únicas.
Por qué Bulnes es un destino imperdible para viajeros
Bulnes representa la Asturias más auténtica: un refugio de paz en un mundo acelerado. Lejos del turismo masivo, ofrece una conexión profunda con la naturaleza y la historia. Para quienes buscan aventuras memorables, este pueblo sin coches no decepciona; al contrario, inspira a volver. En un viaje por aire a Asturias, incluir Bulnes eleva la experiencia a lo inolvidable.
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